La aparición del dolor y como reeducar el cuerpo

     Debemos tomar como punto de partida que, en gran medida, el dolor es un proceso psicológico. Entendiendo psicológico como algo que se produce en la psique (la cual está regulada por el cerebro).

     Una vez aceptada esa premisa, debemos comprender que muchas enfermedades o lesiones, a excepción de aquellas que se producen por un impacto o accidente, son conflictos que ocurren simultáneamente en la psique, el cerebro y el órgano o músculo correspondiente. Lo primero que produce dicho conflicto es una interrupción de las funciones biológicas normales del organismo.

     Otro de los puntos de partida que debemos tomar es que no debemos entender un músculo o un órgano como un elemento aislado. Por supuesto que cada uno de ellos tiene particularidades y funcionalidades propias; pero debemos entenderlos como partes de un todo.

     La última de las premisas de las que tenemos que partir es que, el objetivo más primario del ser humano es sobrevivir y hará lo que considere necesario para obtener dicho fin. La inteligencia, el desarrollo humano y la evolución; la cual nos permite vivir sin sensación de peligro constante, han provocado que dicho fin primario haya ido completándose y tomando nuevos caminos. Se podría decir que, en la actualidad, uno de los fines más “cotidianos” del ser humano es la estabilidad y la normalidad de las funciones.

     Si enlazamos todo lo comentado anteriormente, nos encontramos con que el cuerpo no es un conjunto de elementos independientes entre sí, si no un todo cuyo objetivo (al menos uno de muchos ellos) es mantener la normalidad y funcionalidad del cuerpo.

     Es por ello que cuando aparece una lesión o una enfermedad, no debemos centrar el foco en el lugar en el que se manifiesta. El objetivo debe ser indagar hasta encontrar el desequilibrio que ha producido dicho cambio. Paralelamente a este proceso, debemos reeducar al cuerpo que ha sufrido el conflicto a nivel de la psique y el cerebro, para que sea capaz de generar mecanismos de defensa para restar valor al conflicto y degradarlo hasta disminuir su intensidad y, consecuentemente, los síntomas tanto a nivel cerebral como en el órgano o músculo en el que se manifiestan.